Las mismas partituras olvidadas por algún músico, los deseos que se van marchitando. Todo pasa lentamente, como si se detuviera el tiempo y comenzara la música, una y otra vez. Algo abstracto y sin gusto a nada, que se apaga de apoco como la llama de una vela en medio del viento incesante. La mirada fija y absorbida dentro del espacio que rompe todo el esquema real, sofocados por recuerdos e ilusiones que se ocultan bajo la luna llena. Pensamientos que chocan en el vacio pecho y el intenso dolor que aquello provoca los deja sin aliento para seguir vibrando. Caen los luceros como arpías en el cuerpo marmolado, desintegrando cada trozo del frio material para dejarlo preso y sin sentido, haciendo cuenta que nunca debió de existir.
16 sept 2008
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